R E S T O S . O L V I D A D O S .

Una canción olvidada puede alumbrar memorias significativas que descansan en un rincón.

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Ese reencuentro es emotivo. Esa melodía enciende esos restos de Sofía que estaban olvidados.

Mis ojos se empapan de nostalgia.

Ese es el poder de la música. Es sanador. Es vital.

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11.11

Si aún estuvieras, ¿qué estaríamos haciendo? ¿Cómo estaríamos celebrando tu día? ¿Estaría abrazada a ti, como de costumbre? o, simplemente, ¿estarías despertando de una siesta?

Las dudas invaden, golpean y agobian. Prefiero no pensar, solo quiero reducir el dolor en mis palabras con el anhelo de sentirme liberada.

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Serían 55. Te fuiste muy temprano y no alcanzaste a conocerme siendo una mujer, pero yo sí te recuerdo y mucho de lo que soy es el reflejo tuyo. Mi memoria es débil, pero lucho conmigo para mantener vivos tus recuerdos, a pesar de que muero de miedo al pensar que un día te haya olvidado.

Son miedos incesantes, pero no te enojes, jamás quisiera que ocurriera. Te amo, y esas cinco letras es la mejor manera de expresarme, a pesar de lo usadas y malgastadas que están hoy en día. Mi amor es sincero.

Te deseo un feliz cumpleaños, corrijo, un muy feliz cumpleaños.

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Quiero pensar que estás con tu mamá y papá, que estás por fin acompañada de quienes tantos años extrañaste en vida. Quiero pensar que a tu lado está tu hermana menor acariciando tu pelo y tomando tu mano. Quiero pensar que en frente está tu prima, Cuca, haciendo de su voz una sinfonía. Quiero pensar que no estás sola y que estás feliz.

Sofía Portilla R.

 

Detalles: oportunidad de transformar un día común

Los detalles del día a día son, muchas veces, invisibles a nosotros en una vida donde la rapidez de todo nos consume. Caminar en las calles sin observar ni escuchar es algo muy propio de estos tiempos: se ha perdido esa experiencia. Se la llevó el celular.

Sería una vil mentira decir que no soy parte de ellos a quienes consume el celular o la tecnología, porque de hecho, es lo más importante en mi carrera para comunicarme y comunicar. En fin. Lo que quiero decir, es que a veces prefiero dejar mi celular en mi cartera y sacarme los audífonos para comenzar a recuperar la experiencia de mirar y escuchar. 

Hace dos semanas, aproximadamente, fui a entrevistar durante un día entero a distintas personas en Santiago y a eso de las 18.30 horas, había terminado. Caminé por las calles de Providencia y vi a la gran multitud que se movía sin parar para llegar a su destino sin mirar. En ese panorama que me angustiaba ver -porque es triste ver como todos se preocupan solo de su metro cuadrado y el otro no importa- enfoqué mi mirada en una mujer de unos 70 años.

Su nombre era Estrella. Estaba sola a pasos del metro Pedro de Valdivia, en medio de todas las personas que pasaban rápidamente a su lado rozando sus hombros. Me quedé mirándola por un minuto y decidí acercarme a ella para ofrecerle ayuda; se veía cansada, perdida y confundida.

Le tomé su brazo y juntas nos fuimos a sentar al rededor de una palmera que tenía una especie de banquita. Fui oyente de toda su vida en un segundo y me sentí feliz de ser parte de su desahogo; prácticamente nadie se da el tiempo de escuchar a la tercera edad.

A medida que conversábamos, sentí algo que había vivido antes: estar con mi mamá.

Su cansancio y modismos me recordó inevitablemente a mi mamá -era una imagen de cómo hubiese sido ella a los 70-, y por eso mantengo, una vez más, que todas las cosas pasan por algo. Es decir, si no me hubiese sacado mis audífonos y dejado mi iphone guardado, jamás me habría dado cuenta de Estrella. Jamás me habría dado el tiempo para ella. Jamás hubiese sentido ese día a mi mamá conmigo.

Al final, ambas nos necesitábamos. Ella necesitaba contar con alguien y yo necesitaba un abrazo que me llevara de vuelta a los años que estuve con mi madre.

Los detalles, nuevamente, invisibles a nosotros, podrían ser los encargados de transformar un día común en uno inolvidable, y lo mejor de todo, es que la oportunidad de hacerlo es tuya.

Y fue así como esa tarde que podía ser igual a las otras, se convirtió en una especial.

Hoy es el cumpleaños de mi mamá, y justo decidí escribir esto, que sucedió hace dos semanas. Definitivamente, significa algo, o al menos a mí me gusta pensar que es así.

Sofía Portilla R.

Memoria involuntaria

Hay dos tipos de memoria: la voluntaria y la involuntaria. Probablemente las conoces y se han manifestado a lo largo de tu vida pero quizás aún no te has dado cuenta cómo identificarlas.

La primera, es cuando fuerzas a tu mente a recordar algo; en qué lugar dejaste las llaves, cómo se llamaba ese ex compañero que te encontraste ayer en el supermercado y que no pudiste saludarlo por su nombre, ese primer beso o simplemente, qué hiciste ayer.

La segunda, la memoria involuntaria es la que, sin querer, nos trae recuerdos a través de los cinco sentidos (gusto, tacto, olfato, vista, oído). Por ejemplo, ayer pasé por fuera del edificio donde viví con mi familia cuando tenía entre 3 a 6 años y fue un golpe de emociones, pues allí tengo recuerdos muy lindos con una de las mujeres más importantes en mi vida y que hoy no me acompaña, mi mamá. En ese momento que me aproximaba a la calle, fue impresionante cómo a través de la vista pude sentir mil cosas en un segundo que me llevaron directo a la nostalgia.

Hoy me desperté muy temprano para ser un sábado sin mucho que hacer, y como soy un poquito loca por el orden, de inmediato hice mi pieza. Estaba lista para comenzar a leer “Solos en la noche”, un libro que se trata del crimen que vivió un joven llamado Daniel Zamudio el 2013, en Chile, por ser homosexual, hasta que escuché un sonido de pájaro distinto al que estoy acostumbrada.

Abrí aún más mi ventana y me entregué a ese canto. Se trataba de uno parecido al del pájaro loco y los recuerdos no tardaron en llegar.

Sofía Portilla R.

Soñar despierta

Cierro los ojos.

Una maleta llena de sueños, un viento que me desordena el pelo, un sol que me quema los hombros,  mi sonrisa acompañándome y un paisaje desconocido.

No tengo miedo y tampoco me siento sola a pesar de ser sólo yo y mi corazón.

Es extraño, ¡pero me siento tan feliz allí!

Quiero estar allí, no sé dónde, pero allí. Tampoco sé cómo ni cuándo llegaré, pero mi mente siempre me lleva al mismo lugar. 

La ansiedad por terminar todo lo que tengo pendiente aquí aumenta cada día, y no me queda más que cerrar los ojos y seguir soñando con ese día.

Sofía Portilla R.

 

Quiero un amor bonito

Un amor que me estremezca el alma, tan sólo al pensar en su nombre.

Un amor que me haga querer ser mejor, siendo yo misma.

Un amor a la antigua; que se vaya formando poco a poco de versos, de canciones, de momentos, de detalles y de besos.

Un amor que sepa que para llegar lejos, es mejor ir lento.

Un amor a fuego lento, construyéndolo día a día, dejando lo rápido, lo inmediato, lo efímero de lado.

Un amor lleno de eternidad; ya no quiero amores fugaces.

Un amor donde sólo seamos dos, dónde pudiendo elegir a cualquier otro, decidamos elegirnos solamente a nosotros…

Un amor que me observe como si se hubiera ganado un tesoro, el mejor de ellos.

Un amor que al observarlo, me haga sentir en la luna, en su luna; jugando con sus cielos, recorriendo sus estrellas e inundándome con sus galaxias.

Un amor que me haga levantarme cada día con una sonrisa, diciéndome a mí misma lo afortunada que soy.

Un amor que sea capaz de superar cualquier obstáculo, que sepa que los habrá -y además multiplicados- y que quiera estar ahí para derribarlos.

Un amor que me haga sentir segura, sin pensar en lo que pueda suceder; sólo viviendo el momento, sólo dejándonos ser.

Un amor al que no le importe el orgullo; que prefiera siempre pedir una disculpa si se equivoca, que no quiera perderme.

Un amor donde sepamos que somos imperfectos, con errores, con heridas, con grietas, y que a pesar de eso parezca que no hay nadie mejor.

Un amor que me quite los miedos apretándome con fuerza, viéndome a los ojos y llenándome de calma.

Un amor que al tocarnos sintamos fuego, que nuestros cuerpos se unan, pero que nuestras almas se encuentren.

Un amor que me quiera en mis momentos confusos y difíciles, porque ahí es cuando más lo necesitaré.

Un amor que en mis días de lluvia me haga sonreír, que busque pretextos sólo para hacerme feliz.

Un amor que quiera arrancarme la boca a besos, las dudas con abrazos y los malos recuerdos con caricias.

Un amor al que no le importe mis tonterías, y aún mejor, que las comparta.

Un amor que no le importe ser cursi, que demuestre con hechos, lo que dice con palabras.

Un amor que pueda grabar en cada letra, que sea dueño de mis frases, que se convierta en mi poesía diaria.

Un amor que parezca poesía: intenso, indeleble, imborrable.Sabiendo que las cosas ya no duran, quiero un amor que dure hasta la muerte.

Quiero un amor bonito, con amor del bueno; como el de mis abuelos. Como el que tal vez ya encontré y no supe valorar. Quizá como el que tengo; quizá también, como el que nunca encontraré.

Sólo quiero un amor bonito…

Angie Pamela González.

Mi inspiración favorita

A sólo un par de horas de que sea mi cumpleaños, me gustaría volver a verte y sentirte.

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Los cuatro años que he vivido sin ti no han sido los mejores, pero tampoco los peores. Creo que el tiempo se encarga de darnos alegrías cuando nos quita lo que amamos; de alguna manera debe existir un equilibrio para el alma.

Me dejaste y conocí el amor, uno del bueno. Dos años después mi tren siguió su rumbo y hoy estoy en plena carrera de periodismo. ¡No sabes cuánto me gustaría que me vieras, me aconsejaras y me dieras ese cariño de mamá!

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Creo que siempre serás mi musa en la escritura, y nunca me cansaré de que lo seas. Eres mi inspiración favorita. Me enseñaste tanto que retribuir mi agradecimiento de forma permanente me hace sentido, y me ayuda a sanar mis heridas.

La verdad es que tu recuerdo sigue vivo. La verdad es que te amo igual que siempre. La verdad es que no quiero dejar de pensarte. La verdad es que me da miedo olvidarte. La verdad es que quiero que estés aquí.

Quiero volver a sentir tu perfume. Tu voz. Tu risa. Tus ironías. Tu abrazo. Ver tus pecas. Sentir tus manos suavecitas. Recostarme a tus pies. Llorar a tu lado. Cobijarme en tu cuello. Amarrarte a mí…

Sofía Portilla R.